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Testimonios y compromisos en el rechazo de la miseria, 2003

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Testimonios

Mensajes y compromisos contra la miseria

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Testimonios 2003

Testimonios de adultos :

Peru   

Conmemoración del “Día Mundial del  Rechazo a la Miseria”
17 de octubre 2003

 SEÑORA PAULINA Q. 
“Conocer para amar...”

La amamos señora Paulina, porque su vida es un ejemplo de lucha constante por derrotar la pobreza. Los dolorosos recuerdos de su infancia, no lograron borrar de sus labios su dulce sonrisa.

En Sicuani su tierra natal, desde los 6 meses hasta que cumplió los 12 años, pasó en casas de parientes. En lugar de juegos y caricias aprendió la dureza de la vida.

Con engaños la llevaron a trabajar como empleada doméstica, sin derecho a un sueldo ni estudios. Recordando esa etapa de su vida Ud. dice: “Para los pobres no hay edad, siempre hay que trabajar”. A los 14 años fue cocinera y  lavandera. Al cumplir los 15 años,  con José su primer hijo de 1 año,  huyendo de los maltratos se fue a trabajar a la selva en los lavaderos  de oro de Puerto Maldonado, donde conoció a su compañero el Sr. Pedro, con él caminó de un sitio a otro en busca de trabajo, ocupando habitaciones en zonas marginales, la mayoría de las veces cuidando viviendas a medio construir.

Para traer al mundo a sus hijos: Ramón, Octavio, Daniel y Miguel, tuvo que recurrir a parteras y la solidaridad de vecinas.

Animando “Biblioteca de Calle”, la conocimos en el barrio “El Bosque”, al que asisten sus hijos luego  de trabajar, lavando carros, vendiendo agua y limpiando lápidas en el cementerio.

Desde que la conocimos nunca faltó a la conmemoración del “Día Mundial del Rechazo a la Miseria”, animando a otras familias a que asistan, como cuando dijo: “Estas  personas tienen que ir a rechazar la miseria, porque sufren más que yo”.

Sus palabras nos dan fuerzas para continuar nuestro compromiso, el año pasado en septiembre, nos buscó para redactar una nota a su esposo, para que le permita estar presente en el “Día mundial del Rechazo a la Miseria” .  Su preocupación era que ese día tenía que apoyar a su esposo en  la construcción de la casa de un familiar.

El 17 de Octubre, la vimos llegar cargando a Miguelito y rodeada de sus otros hijos desfiló como siempre con alegría y  esperanza de un futuro mejor para  su familia. Al finalizar la ceremonia se disculpó por no acompañarnos a la reunión de confraternidad con familias del campo y la ciudad.

Ud. se retiró presurosa para viajar a Qhorqa, pues ya había realizado su deseo de estar presente  junto a otras familias en el izamiento de la bandera y el desfile cívico,  exigiendo a la sociedad el respeto a su dignidad y su derecho a una vida sin exclusión.

Asociación Peruana ATD Cuarto Mundo.

TESTIMONIO DEL SR. RICARDO R.

                Nací en 1958 en Anta – Cusco, mi padre falleció cuando tenía 3 meses, mi madre en busca de trabajo junto con mis dos hermanos mayores Daniel y Jesús nos llevó a la hacienda Amaibamba en el Valle de La Convención. 

En 1960 nos trasladamos a la hacienda Santa Teresa, mi madre con mi hermano Jesús vendían fruta en la estación del ferrocarril, mientras yo cuidaba a mis hermanos Victoria y Lorenzo.

La vida en Santa Teresa era muy difícil por lo que mi hermano Daniel se fue de nuestro lado en busca de sus padrinos, ahora vive en Pachiri – Alto Urubamba.

En 1964 mi abuelo se enteró que no iba a la escuela, me fue a buscar y me llevó al pueblo de Zurite. A los 9 años de edad entré por primera vez a la escuela, mis compañeros se burlaban de mí, porque era el más grande, eso me hizo sufrir, allí estudie hasta el cuarto grado de primaria.

Cumpliendo 17 años dejé Zurite, para ayudar a vender mercadería y cuidar la camioneta, dormía en el carro, mientras mi jefe descansaba en el hotel; así recorrí el centro y el oriente del Perú; como sólo me daba la alimentación y las noches casi no dormía, regresé a Anta.

A mi abuelo y tíos les conté los lugares que visité y lo que pasé durante esos tres años; el más interesado era mi tío Edgar, con quien decidimos irnos a Lima en busca de trabajo. Llegamos a Lima sin conocer a nadie, dormíamos en la calle sobre cartones y tapados con una frazada, leyendo el periódico vimos que un comerciante de Huancayo necesitaba vendedores, ganábamos una comisión y durante el viaje dormíamos en el camión, éramos 15 vendedores, así recorrí durante un año el norte del Perú.

Por desacuerdos con mi tío nos separamos en Lima, me fui al Callao en busca de mi tío Javier, quién me alojó en su casa una semana, felizmente encontré trabajo con un español vendiendo café en el espigón del muelle desde las cuatro de la mañana; en invierno el trabajo era duro, mi ropa parecía estar mojada todo el tiempo, la ventaja era que me daban comida y alojamiento, durante el día ayudaba en la casa del español.

Una tarde que me encontraba vendiendo, un cliente me pregunto de donde era, le respondí que del Cusco, eres serranito me dijo; mi cliente cuidaba en un almacén las donaciones para los damnificados del terremoto de 1970, me dijo que entrase y sacara zapatos para mi y dejase los que tenía puestos, aparte me dio un pantalón y una casaca. Me puse muy alegre, nunca antes nadie me había regalado nada, ni siquiera en navidad.

Luego de un año dejé ese trabajo, tenía unos ahorros de 500 soles con los que compre cosméticos para llevar a Puno, donde me fue bien. Siempre preguntaba por mi madre, pero mi abuelo me decía que no sabía donde estaba, otros decían que había muerto, un día mi tío Edgar me dijo que mi madre vivía en Huacho y que la conocían como “la cusqueñita”. Con el dinero que gané compré mercadería para vender y me fui a Huacho para buscar a mi madre, puesto que un hijo siempre quiere conocer a la madre que lo trajo al mundo y la familia es lo único que tenemos.

El encuentro con mi madre fue emocionante, toqué la puerta y salió un joven, pregunté por la señora María, dije que traía un encargo del Cusco, salió me miró y no me reconoció, le dije que era su hijo Ricardo, que años atrás había dejado en el Cusco y ambos nos emocionamos. Me quedé con ella durante dos años, ella vivía con mi hermano Jesús y mis dos hermanos. Encontré trabajo en la hacienda, aprendí a manejar tractor, a preparar la alimentación para el ganado lechero y vendía leche, lo que ganaba le daba a mi madre para sus gastos.

Después de dos años regresé a Lima para volver a vender cosméticos, viajando al norte y sur del Perú, el negoció ya no era bueno puesto que mucha mercadería entraba por contrabando. Decidí quedarme en Arequipa pues como siempre quise estudiar me matriculé en un colegio nocturno, estudiando hasta el tercer año de secundaria. Haciendo negocio me trasladé a Tacna, quise seguir estudiando pero el colegio nocturno no quiso recibirme a falta de documentos.

En 1985 regresé al Cusco porque en Arequipa y Tacna el negocio ya no era bueno, me dediqué a la venta de enseres para cocina, conocí a mi esposa Charo con quien viajábamos a las provincias del Cusco, especialmente a Calca, Urubamba y La Convención a vender la mercadería, en este último lugar nos quedamos dos años donde nació mi hija mayor. De regreso al Cusco compramos con nuestros ahorros un lote en “El Bosque” donde ahora vivimos en compañía de nuestros tres hijos y mi nieto.

En “El Bosque” conocí a ATD Cuarto Mundo, al comienzo no entendía lo que hacían, querían ser nuestros amigos, no repartían ropa ni alimentos, tampoco hablaban de religión, y eso que yo creía que eran una secta religiosa.

Buscaban a los niños y los organizaban para leer cuentos, escribían cartas a otros niños del mundo, realizaban paseos, yo les daba permiso a mis hijos pero con muchas dudas, así es que cuando salían de paseo, como quién vende mercadería les seguía de lejos. Hay me di cuenta que los de ATD sólo querían compartir su amistad, los niños aprendían a quererse entre ellos, los voluntarios de ATD son nuestros amigos, siempre están alegres, conversan sobre los problemas de la vida, escuchan lo que decimos y eso nos da fuerza para seguir luchando en esta vida.

El Padre Joseph hacía respetar a los más pobres, yo creo que la miseria no podrá terminar si seguimos solos, necesitamos de todos, él ayudaba a la gente pobre, luchaba para que no haya pobreza, por eso es importante que se recuerde el 17 de Octubre, allí hablamos las personas que diario luchamos para llevar un pan a nuestro hogar, esta fecha nos unimos ricos y pobres, niños y adultos, sin egoísmos para poder avanzar.

En este 17 de octubre, quiero decirles a las personas que luchan por salir de la miseria que no se desanimen, que sigan luchando, que eduquen a sus hijos para que no sufran como nosotros. A las personas que tienen riquezas que piensen en los hombres que no tienen nada, no dando o repartiendo comida, ropa o dinero, sino, generando trabajo, para que no haya ningún hombre desocupado. A las familias que no conocen ATD, en este día tan especial para nosotros, les pido que se acerquen a ATD por que allí encontrarán amigos con los cuales podrán compartir sus vidas y de esa forma caminar juntos.

Mi más grande deseo es que los ideales del Padre Joseph sean escuchados y que se hagan realidad a nivel mundial.

Cusco, Octubre, 2003.

LA PAZ NACE EN EL CORAZON DE CADA UNO...

            “¿Cómo el Movimiento ATD Cuarto Mundo podría ayudarles?”, Preguntaron voluntarios a algunas familias golpeadas por al extrema pobreza durante un encuentro. La Sra. Sabina contestó, “Nunca antes me han preguntado sobre cómo vivo. Me gustaría hablar de mi vida.”
            “¿Porqué tendríamos que escuchar a los pobres?,” dirán unos escépticos acostumbrados a pensar y actuar por ellos. “¿No sabemos mucho mejor que ellos lo que necesitan?”

            Tomar la voz de los más pobres en serio puede ser peligroso, evolucionando en el verdadero sentido de dar una vuelta decisiva a su propia vida. Por haber sido privado desde hace generaciones del conjunto de sus Derechos Humanos, ellos tienen mucho que enseñarnos sobre los cambios indispensables para el advenimiento de una sociedad democrática, justa y fraterna.
           ¿Cuál es la visión del mundo que nos llevan y revelan en sus testimonios, confidencias y experiencias estas familias y estos niños, mensajeros de humanidad?.

           Esperan con suma ilusión vivir en un mundo de libertad donde todos los seres humanos puedan compartir a plenitud sus talentos de creatividad, imaginación y sensibilidad. Es lo que nos recuerda el fundador del Movimiento Internacional ATD Cuarto Mundo, Padre Joseph Wresinski:

            “Los niños de Cuarto Mundo nos hablaban de un colegio en medio de flores y plantas.
            De un colegio de sueño sobre el cual se habría puesto un gran arcoiris como un puente.

Soñaban con niños yendo de dos en dos
riendo, saltando, bailando para ir a clase.
Nos decían lo que es la solidaridad...”

           Aspiran también a vivir en un mundo de amor en el cual la dignidad inviolable de cada ser humano sea respetada. Saben que poner a la persona más humillada en el centro de las preocupaciones de la humanidad, “es abrazar a toda la humanidad en un solo hombre, es no retener la mirada ni reducir su visión, es lanzarla hacia las fronteras del amor; y el amor no tiene fronteras, no se encierra, no se domina, es siempre locura.” Quieren tejer relaciones de igualdad que permitan expresar y compartir la ternura y solidaridad en sus corazones, sobre todo con los más débiles y olvidados.

Vivir como todo el mundo; eso quiere decir:
(...) “no ser rechazado por los demás, no sentirse solo,
sino saberse amado
porque en la vida es lo más importante.”

             Sueñan con vivir en un mundo de paz, donde los valores de comprensión, amistad y solidaridad protejan a todos, en primer lugar a los niños, contra el odio y la violencia de la guerra.

Asociación Peruana ATD Cuarto Mundo

otros testimonios del Peru


Guatemala

TESTIMONIO
María Mercedes E.

Hace ocho años que vivo en Lomas de Santa Faz, mi historia desde mi llegada a la colonia es una historia que habla de esfuerzos, de lucha, pero sobre todo de esperanzas.

Llegué a la colonia como guardiana de un lote que no era mío, mis hijos y yo nos trasladamos de la Línea a vivir en una casa que no era propia, para nosotros no era un traslado normal, era un trabajo.

Pero la dueña del terreno lo vendió y nos quedamos en la calle, en una colonia que no era la nuestra pero que comenzaba a serlo, no es fácil alquilar un cuarto donde vivir, el dinero que uno emplea en pagarlo es un dinero que quitamos de un futuro mejor a nuestros hijos, además los niños crecen encerrados y con miedo, no se puede hacer bulla y uno siempre tiene en mente la preocupación del pago para que no lo echen a la calle.

Así fue como invadí en un área verde, con la llegada de un censo se me proporcionó a mí y a mi familia un lote, lo conseguí trabajando en tareas comunitarias, pero así podía ver un futuro mejor, más claro y con más libertad para mis hijos.

Siempre he pensado que para mis hijos lo mejor era estudiar y así podrían superarse y no quedarse para lavar y planchar como hago yo. Pero nunca es fácil realizar los sueños.

En el camino para conseguir un terreno propio tuve que hacer muchos sacrificios, entre ellos elegir a no dar educación a mis dos hijas mayores, son Vivi y Yoli las que conmigo tenían que trabajar, hacer zanjas, drenajes y a la vez cuidar a sus hermanos más chiquitos que dormían junto a nosotras cuando trabajábamos.

Para llegar hasta donde estoy hoy tuve que vencer el miedo a la guardería de la colonia, siempre me propusieron llevar allí a mis hijos más pequeños para estar más libre para trabajar, yo no conseguía llevarlos siempre por el miedo a que me los quitaran y no verlos nunca más.

Pero ahora comprendo que es lo mejor, durante muchos meses cada mañana cuando llevaba a los niños lo hacía con miedo y vivía la jornada apenada, cuando los iba a traer siempre pensaba que no los iba a encontrar, que ese día si me los habrían quitado, pero ahora tengo confianza y he dejado de tener miedo, eso me hará avanzar en el sueño de darles un futuro mejor.

La historia se construye también de presente y en el día a día lo más importante es la comprensión de nuestros hijos, del amor que les tenemos a todos aunque no les podamos dar oportunidades, es ahora cuando nuestros hijos mayores ven nuestros esfuerzos y son capaces de saber que los que les podemos dar es nuestro apoyo en lo bueno y lo malo que les pueda pasar en su vida.

Pero queremos ser parte en la construcción de la historia en futuro porque nos quedan muchas cosas por conseguir, muchas que luchar y lo queremos hacer juntos, en familia.

Los más pobres, camino de esperanza. (.pdf)

TESTIMONIO DE LORENA T.

Mi nombre es Lorena T. y vivo en Piedra Santa en la zona 3. Soy madre de cinco hijos y viuda.

El sueño de mi esposo era que nuestros hijos estudiasen, que tuvieran un futuro mejor y aunque él no esté, el sueño sigue siendo el mismo.

En mi comunidad hay muchas madres que como yo crían solas a sus hijos y a veces es muy duro porque no podemos con todo lo que tenemos que hacer, muchas veces tenemos que quitarle cosas a uno de nuestros hijos para poder dárselas a otro de ellos, pero nunca perdemos la esperanza, ni la fe en que Dios nos va a proveer.

Trabajo como guajera en el Relleno Sanitario de la zona 3, es un trabajo duro, porque cuando llueve nos mojamos, cuando hace sol pasamos sed y calor, hay días en que no podemos almorzar para poder trabajar más deprisa y a veces corremos peligro.

Pero no es un trabajo donde yo me sienta de menos, mucha gente que no conoce cree que no es un trabajo o que no es digno, pero yo lo considero como un trabajo en el cual uno tiene que saber diferenciar que es lo que va a recuperar y eso el tiempo lo da.

Siempre nos esforzamos por nuestros hijos, como madre me duele mucho ver a niños que tienen que trabajar en el Relleno Sanitario y que no tienen la posibilidad de estudiar como los míos.

Siempre se habla mal del Relleno Sanitario y de la gente que trabajamos allá, hablan de un lugar de vicios.

Pero los vicios están en todas partes, siempre a nuestro alcance y es uno el que decide que camino tomar y nadie nos obliga. Por eso pedimos que siempre tengan en mente y recuerden que somos seres humanos y que si valemos.

Sigo trabajando por el futuro de mis hijos, por darles un lugar donde vivir, un lugar donde nadie los pueda echar, además de luchar por su salud y por darles una educación.

Nueva York

Nueva Guatemala de la Asunción
17 de octubre de 2003
Maria Clara Chet de Rivera y Marta Zoila Caballeros Ruiz
ATD Cuarto Mundo
Testimonio leído a las Naciones Unidas en Nueva York

LOS MÁS POBRES, CAMINO DE ESPERANZA.

Venimos hoy a este lugar de encuentro entre naciones y culturas para compartir con ustedes una historia de vida, un mensaje de esperanza y un sueño. Esta historia, esta esperanza y este sueño se llama Guatemala, nuestra patria.

Humberto Ak´abal, escritor maya k´iche dice:

“De vez en cuando camino al revés.
Es mi modo de recordar.
Si caminara sólo hacia delante, 
te podría contar
cómo es el olvido”.

En este día en el que conmemoramos el “Rechazo a la Miseria” en el mundo, deseamos que todas y todos caminemos unos pasos hacía atrás para ver los rostros, para conocer los caminos de lucha, para recordar a quiénes diariamente enfrentan el olvido y la indiferencia. Quizás el rechazo a la miseria empiece por ahí, luchando contra el olvido y la indiferencia.

La voz de nuestras historias viene de Guatemala. De los 11.2 millones de personas que viven en el país tres de cada cinco viven en condiciones de pobreza y una de cada cinco en la extrema pobreza.

Esto quiere decir, para quienes lo sufren, no poder tener un techo que los proteja de la lluvia. No contar con un lugar donde llegar, donde encontrarse dignamente con su familia. Significa estar habituado a vivir de un lugar a otro esperando un día poder echar raíces sin ser desalojado. Quiere decir soñar con tener un terreno propio y digno. Un terreno que esté libre de inundaciones, de derrumbes que sepultan a los vivos.

Ser pobre en Guatemala se traduce en la incapacidad para leer un libro o escribir una carta. Es estar al margen de la escuela y de la comunicación escrita, del acceso a una computadora o de la visita a una biblioteca.

Y, seguramente, también quiere decir que alguna vez se enfrentó el dolor de no tener los alimentos deseados para los niños que aguantan a penas con una pila de tortillas con sal y chile. Es el frío del desprecio. Es la enfermedad que no puede atenderse por falta de dinero para medicinas.
Significa que tres de cada cinco personas en Guatemala sufren la desigualdad, la violencia, la inseguridad. Marcados desde el nacimiento y excluidos a lo largo de la vida, generación tras generación. Pero, en este horizonte carente de oportunidades, hay un sinfín de anhelos, de esperanzas y de sueños por realizar.

En este escenario, podemos preguntarnos. ¿Qué es lo que hace a las personas seguir su camino en la vida?. ¿Cuál es la fuente de esperanza que alimenta el espíritu de los más pobres ? ¿Qué es lo que permite que, a pesar de todo lo que se vive, puedan mantenerse en pie y seguir caminando?

La vida de los más pobres nos habla, en cada palabra, de un camino de la esperanza.

Doña Dorotea y su hija viven bajo el puente Belice, tan abajo. Ellas son toda su familia. Antes doña Dorotea era cargadora en el Mercado Central. Cargaba los bultos de las personas que iban a comprar al mercado y los llevaba sobre la espalda hasta los vehículos de los compradores.

Con el tiempo se fue haciendo viejita y quedando ciega. Su única hija tiene retraso mental. 

Cada día madre e hija para ganarse la vida. Salen de la champa en el fondo del barranco, apoyada en las bases del puente de hierro por el que una vez pasó el tren. Cruzan el río de aguas negras que durante el invierno crece y amenaza con llevarse la casita a su paso. Suben como pueden la ladera del barranco, agarrándose de los lazos que la gente ha ido poniendo para no resbalarse y caerse al abismo.  

Así, poco a poco, camina hasta su antiguo trabajo. En su andar se cruzan las manos de muchas personas, seguramente pobres también. Alguién le mira, le regala un pan.  Doña Dorotea muchas veces dice “hoy yo no tengo nada, pero este día salgo con la fe puesta en que voy a conseguir algo para comer”. Doña Dorotea ha perdido la vista y las fuerzas con la edad, pero, no ha perdido la esperanza. Doña Dorotea sube y baja el barranco todos los días, es, el camino de la esperanza.

Todos los guatemaltecos tenemos una historia que contar. Tres de cada cinco guatemaltecos tiene una historia de lucha parecida. Tres de cada cinco guatemaltecos pueden hablar de cómo se levantan cada día con la ilusión de trabajar y ganarse la vida con dignidad.

Estas historias cotidianas constituyen el aporte que la población hace al desarrollo humano del país. Pero  el precio del desarrollo y de la paz tanto para las familias muy pobres como para la nación es un precio muy alto.

Todas estas familias dejan rastros de dolor y de sufrimientos por el camino de su vida. A veces son humillaciones, otras veces, es la muerte de los hijos u otros seres queridos. En ocasiones son las relaciones de familia que se vuelven insostenibles. A veces se está agobiado, inmóvil, no se puede pensar, duele la cabeza, es la desesperanza.

Ese sufrimiento a pequeña escala se traduce en la comunidad y en la sociedad en general. La historia reciente del conflicto interno en el país, el proceso de paz, el costo del diálogo, el costo de cambiar las condiciones de existencia, de dignidad y de justicia para todos. En Guatemala tenemos un costo de muertos, de dolor, de zozobra.
El proceso democratizador está marcado por el sufrimiento pero también ha servido para subrayar nuestra fortaleza para enfrentarlo, nuestro anhelo de justicia y nuestra esperanza por un mejor futuro.

Humberto Ak’abal nos dice :

“Cuando nací
me pusieron dos lágrimas
en los ojos
para que pudiera ver el tamaño del dolor de mi gente.”

Cuando vemos lo que viven las familias muy pobres, hay lágrimas. Pero, de igual manera tenemos los ojos para ver que ellas son la riqueza principal, el capital humano para el desarrollo del país. Cuando vemos su deseo de heredar a sus hijos una mejor casa para vivir podemos entender el deseo de todos los guatemaltecos por tener una patria mejor. La suma de las luchas de los más pobres se refleja en la lucha de un país por construir la paz, por superar las adversidades de la naturaleza, por superar las grandes carencias y ampliar las oportunidades que permitan ubicarnos en igualdad de condiciones frente a otras naciones del mundo.

Guatemala es un país económicamente pobre, pero tierra fértil de grandes mujeres y hombres que, siendo hijos e hijas de la pobreza, han sabido brillar con luz propia en el escenario mundial. Grandes constructores de la paz en medio de un contexto de gran violencia. Escritores surgidos de comunidades analfabetas. Grandes pensadores. Pintores que aprendieron a pintar sin pincel. Líderes, hombres y mujeres de bien. Constructores de esperanzas. Amantes de su patria y de sus familias.

Aveces la pobreza parece no permitir tener esperanza. No obstante, la esperanza es parte del ser persona. Es por eso que podemos combatirla. La pobreza no destruye la posibilidad de tener esperanzas, de soñar, de ser solidarios con los demás. Doña Dorotea en sus esfuerzos cotidianos nos dice que la esperanza por un mejor futuro es algo muy concreto. Si ella puede mantener la esperanza, todos podemos.

Si unimos las esperanzas de los hombres y mujeres que creen en la igualdad de las personas. Si unimos las esperanzas de aquellos que creen en la posibilidad de liberarse de las cadenas de la miseria. Y fraternalmente asumimos el compromiso con los más pobres del mundo. Heredaremos a nuestros hijos un mundo donde no habrá espacio para la indiferencia y el olvido. Caminaremos hacia atrás para ver un mejor futuro. 

Asumamos reiteradamente el compromiso de educar a las niñas y niños del mundo para que nunca olviden al débil, al vulnerable, al rechazado. Para que no olvidemos a ninguno. Apoyemos a las instituciones que ya se han comprometido con estas causas y demos prioridad a la paz del mundo. 

Los más pobres nos invitan a construir con ellos la esperanza a partir del respeto, de la dignidad, de la fraternidad. Los más pobres nos invitan, en su día, todos los días, a heredar un mundo a nuestros hijos en el que no haya espacio para la indiferencia y el olvido.

Hoy nos acordamos de doña Dorotea, con ella recordamos, con ella caminamos para atrás para ver mejor el futuro de Guatemala y del mundo. Por eso, recordamos su esperanza.

Hoy pensamos en nuestra patria y retomamos las palabras de Luis Cardoza y Aragón para decir:

No amamos nuestra tierra por grande y poderosa, 
por débil y pequeña,
por sus nieves y noches blancas o su diluvio solar.
La amamos, simplemente, porque es la nuestra.


Mensajes y compromisos 2003

Mensaje del Secretario General de las Naciones Unidas para el Día Internacional de Erradicación de la Pobreza, el 17 de octubre de 2003 (inglès, francès )

Mensaje de Mark Malloch Brown, Administrador del PNUD, New York, el 17de  Octubre 2003 (inglès ; .pdf format : inglès, francès, español)

Mensaje de la Delegación General del Movimiento Internacional ATD Cuarto Mundo (francès, inglès)

Mensaje del Director General de la OIT, Juan Somavia, con ocasión del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza
17 de octubre de 2003

Hoy se celebra en todo el mundo el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza. Para nosotros en la OIT, esta celebración toca a los fundamentos mismos de nuestra misión. De hecho, la propia Constitución de la OIT alude a esta cuestión: "la pobreza, en cualquier lugar, constituye un peligro para la prosperidad de todos", y en nuestra época de tanta riqueza, constituye además una verdadera acusación moral.

En demasiadas partes del mundo, el curso actual de la economía global no está poniendo freno al crecimiento del desempleo y de la pobreza. Si se pregunta a quienes viven en la pobreza que es lo que necesitan, responderán que necesitan un trabajo decente. Pero los empleos siguen siendo el eslabón perdido de la estrategia global para acabar con la pobreza. Si queremos realmente estar en vías de reducir la pobreza extrema a la mitad en 2015, es preciso ampliar los esfuerzos - en los planos local, nacional, regional e internacional - para situar la promoción de más y mejores empleos en el centro de las estrategias de desarrollo. El trabajo es el camino para escapar de la pobreza.

Este fue el mensaje de mi Memoria, titulada "Superar la pobreza mediante el trabajo", que presenté a la reunión de 2003 de la Conferencia Internacional del Trabajo. La Memoria se articulaba en torno a tres puntos fundamentales.

En primer lugar, los pobres no son la causa de la pobreza. La pobreza es el resultado de deficiencias estructurales y de sistemas económicos y sociales ineficaces. Es el producto de respuestas políticas inadecuadas, de la falta de políticas imaginativas y de un apoyo internacional insuficiente.

En segundo lugar, la pobreza resulta cara. Dificulta el crecimiento, propicia la inestabilidad e impide a los países pobres avanzar por la vía del desarrollo sostenible. En otras palabras, la pobreza es algo que no podemos permitirnos.

En tercer lugar, la pobreza también presenta otra cara. La gente que vive en condiciones de privación material recurre a enormes reservas de valor, ingenio, perseverancia y apoyo mutuo para mantenerse en la senda de la supervivencia. El mero hecho de hacer frente a la pobreza demuestra la resistencia y creatividad del ser humano. En muchos sentidos, los trabajadores pobres son, en última instancia, verdaderos emprendedores. Y nuestra labor conjunta consiste en sacar partido de ese sentido de la perseverancia, la esperanza y la oportunidad.

El esfuerzo por vincular la erradicación de la pobreza a la creación de empleo está mereciendo atención y dando lugar a iniciativas en todas las regiones. Hace muy poco, se produjo un avance importante en Africa. Los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Africana acordaron convocar para el año que viene una cumbre especial sobre el empleo y la pobreza, que será la primera de este tipo. La Unión Africana ha pedido a la OIT que contribuya a su preparación. Este mes, hemos iniciado una serie de consultas nacionales en todo el continente africano para podernos centrar en actividades prácticas y en maneras concretas de ampliar las oportunidades de empleo.

La erradicación de la pobreza es el mayor reto social al que nos enfrentamos hoy en día, pero también es la principal oportunidad económica que se nos ofrece. La OIT y sus mandantes tripartitos - ministerios del trabajo, empleadores y trabajadores - están decididos a enfrentarse a este reto común. Juntos, podemos ayudar a la gente a superar la pobreza mediante la dignidad y el trabajo decente.

transmit by INFOBRU@ilo-org.be
Sent: Friday, October 17, 2003 9:11 AM
Subject: Message from the DG - International Day for the Eradication of Poverty


© Ediciones Cuarto Mundo 2003